miércoles, 29 de octubre de 2014

LINEA DE TIEMPO

Los ángeles sin nombre, los cuales son mencionados con más frecuencia en Las Sagradas Escrituras, efectúan una gran variedad de tareas, todas ellas dirigidas a servir a Dios. Adorar y Alabar - Esta es la principal actividad que se lleva a cabo en los cielos (Isaías 6:1-3; Apocalipsis 4-5) Revelar - Sirven como mensajeros para comunicar la voluntad de Dios a los hombres. Asisten en la revelación de la ley de Moisés (Hechos 7:52-53), y sirven como transmisores de mucho del material que es revelado en Daniel y Apocalipsis. Guiar - Los ángeles le dieron instrucciones a José acerca del nacimiento de Jesús (Mateo 1-2), a las mujeres que llegaron a Su tumba (Marcos 16:1-8), a Felipe (Hechos 8:26), y a Cornelio (Hechos 10:1-8). Proveer - Dios ha usado a ángeles para proveer en la necesidades físicas, tales como comida para Agar Génesis 21:17-20), Elías (1 Reyes 19:6), y Al Señor Jesucristo después de la tentación (Mateo 4:11). Proteger - Protegen al pueblo de Dios de peligros físicos, como en el caso de Daniel y los leones, y a sus tres amigos en el horno (Daniel 3 y 6) Liberar - Ayudar al pueblo de Dios a salir del peligro cuando se encuentra en situaciones difíciles. Los ángeles liberaron a los apóstoles de la cárcel en Hechos 5 y volvieron a hacer lo mismo durante el proceso de Pedro en Hechos 12. Dan Fuerza y Animo - Los ángeles le dieron fuerzas al Señor Jesús en el desierto durante la tentación (Mateo 4:11), animaron a los apóstoles a seguir predicando después de librarlos de la prisión (Hechos 19:20), y le dijeron a Pablo que todos los que estaban en su barco sobrevirían el inminente naufragio (Hechos 27:23-25). Contestan Oraciones - Frecuentemente Dios usa ángeles como Su medio para contestar las oraciones de Su Pueblo (Daniel 9:20-24; 10:10-12; Hechos 12:1-17). Asisten a los creyentes en el momento de la muerte - En la historia de Lázaro y el hombre rico nos podemos dar cuenta que los ángeles se llevaron el espíritu de Lázaro hasta el "seno de Abraham" cuando murió (Lucas 16:22).
Autor: Dr. John Bechtle



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